EXITOSA PRESENTACION DEL NUEVO LIBRO DE DANIEL LEVY “ECOS DEL VIENTO – HISTORIA DE UN VIAJE AL CENTRO DEL SONIDO”. DANIEL LEVY DIALOGÓ CON SANTIAGO KOVADLOFF Y JUAN CARLOS MONTERO


El día 16 de Octubre 2007 se presentó el nuevo libro de Daniel Levy “Ecos del Viento – Historia de un viaje al centro del Sonido” en el Centro Cultural Borges en Buenos Aires.
El público presente tuvo el privilegio de presenciar un intenso diálogo entre Daniel Levy, el filósofo Santiago Kovadloff y el crítico musical Juan Carlos Montero, disertando sobre el contenido y los valores que este libro posee.

Esta es la trascripción de está presentación:



Daniel Levy: Buenas noches. Estamos aquí para presentar el libro "Ecos del Viento - Historia de un viaje al centro del Sonido" y quiero ante todo presentar a quienes están a mi lado.
Es un honor realmente tener junto a nosotros Santiago Kovadloff, escritor muy conocido y reconocido, filósofo, una de las - a mi entender - pocas mentes lúcidas que tenemos en este momento en nuestro país, autor de muchos libros, entre los cuales quiero citar "Lo Irremediable", "Ensayos sobre la Intimidad", "El Silencio Primordial", poeta, traductor del portugués al castellano de la obra de Pessoa y muchas otras inquietudes más.
De otro lado al amigo Juan Carlos Montero, crítico musical, no solo conocedor sino constante amante de la opera y de la música, coordinador artístico de Radio Nacional Clásica, con la cual he tenido el gusto de colaborar por un cierto tiempo.
Bueno, aquí estamos para dialogar un momento sobre el contenido de este libro y probablemente para poder también escuchar algunas pequeñas partes y ejemplos.
Dejo la palabra a quién quiera tomarla.

Santiago Kovadloff: Por favor.

Juan Carlos Montero: Primero el continente, porque soy bibliotecario.

Daniel Levy: Eso es interesante.

Juan Carlos Montero: Me gusta la música, me dedico a la música, pero resulta que la contradicción es que estudié música pero nunca en forma profesional avanzada, pero en cambio me apasionó la bibliotecología y trabajar en bibliotecas, bibliotecas de la municipalidad, bibliotecas públicas.
Yo recién aprecié el talento extraordinario del maestro que tenemos a la derecha, dijo Levy con acertadas palabras, pero para mi es todavía mucha más emoción y honor no solo estar con Santiago Kovadloff en la mesa, sino también con el maestro (DL), porque los he conocido a uno a través de sus trabajos literarios, al otro con su amistad y palabras y su arte como músico.
Realmente estamos aquí en esta mesa con dos figuras excepcionales de la inteligencia, de la racionalidad, la mesura del buscar los valores positivos que enaltecen al ser humano, por eso me siento tan honrado de estar en esta mesa.
Y por eso quería comenzar hablando del libro, porque es un libro que tiene todas las virtudes bibliotecológicas, dejando de lado el contenido. Me refiero, porque del contenido hablaremos después, a que es un libro claro, de excelente edición, con letras grandes y que tiene una presentación fuera de lo común porque es música además.
Es un libro con música, se lee, como por allí dice el prólogo, una parte que sería bueno leer el libro acompañado de esa música que está en el disco adjunto que viene en la edición. Y allí tenemos una catarata de grandes obras, elegidas de una manera magistral y ejecutadas de una manera excelente y magistral también, no solo por el pianista Daniel Levy, sino también por el músico que ha elegido otras versiones de otros conjuntos para, por ejemplo, momentos de Vivaldi, momentos de música antigua. Un refinamiento en la elección de las obras realmente extraordinaria.
Este en cuanto al objeto que tenemos delante y la satisfacción que da de pronto en una frase encontrar algo que obliga a releer cada párrafo y buscar ese nombre que aparece allí y uno no conoce. Buscarlo, investigarlo y es una fuente que azuza, digamos, el interés por acrecentar el conocimiento. Este viaje al centro del sonido y a partir de algo tan intangible que es la primera palabra que aparece en el texto, lo intangible y sin embargo que maravilla que es leerlo con música y todo lo que su contenido tiene. Y ahora si hablemos del contenido.

Santiago Kovadloff: Bueno, yo querría sumarme a lo que creo es fundamentalmente este acto, un acto de celebración. Vamos, Juan Carlos Montero y yo, lo se, celebrarlo, la cercanía de un músico que le da la comprensión cabal de lo que significa la palabra Música. Una nota y a primera instancia y a fuerza de costumbre una profesión, más oscuramente y sobre la fuerza de meditarlo mucho, un modo de vivir.
Hoy estamos ante un músico que a través de su libro nos permite acercarnos a su modo de vivir.
El libro que ustedes tienen entre manos, o que tendrán a finalizar este acto, es una Biografía. No lo es primordialmente porque en él encontraron ustedes muchos datos estrictamente cronológicos referidos a su autor - si bien hay dos páginas antológicas sobre el encuentro de Daniel Levy con un piano, ya era un músico y aún no lo sabía - pero porque fundamentalmente este libro es biográfico en cuanto que nos muestra de qué manera entiende Daniel Levy la relación de cada uno de nosotros con su prójimo, consigo mismo y con el momento histórico en el cual les toca vivir.
La música es pontificia en este caso, vale decir, tiende puentes. En estas tres instancias: el mundo en el que vivimos, la subjetividad que nos constituye y el prójimo que nos vértebra como seres significativos.
Tiene razón Montero, hablemos del contenido de este libro, pero ante todo hablemos de, partiendo de mi juicio, de esta propuesta. Este es un libro para OIR. ¿Qué quiere decir oír? Podemos oír cuando de veras estamos abiertos a una presencia. Algo nos convoca y nosotros lo oímos. ¿Qué es eso que nos convoca? Llega hasta nosotros como un eco del viento, no más, pero llega. ¿Qué es un hombre o un ser con vocación? Alguien que responde a lo que convoca. Todo ser dotado de vocación responde. Su despliegue personal es una respuesta, su vida es una respuesta a lo que lo convoca, a aquello que lo interroga, a aquello que lo llama. Y en este caso lo que llama, aquello que quiere, que solicita, que implora ser oído: es la ARMONIA.
Nosotros vivimos en un mundo escasamente armónico. En un mundo que está amenazado por la disonancia que siembra la fragmentación. Una de las semblanzas más centrales para mi del libro de Daniel Levy es la referida al grado de fragmentación que amenaza al mundo. La fragmentación es para él aislamiento. El aislamiento es para él ausencia. Retrata la fragmentación como el reverso de la armonía, es decir de la interdependencia que fecunda con su sentido gestal, la integración de las partes en una totalidad.
Es un libro auspicioso porque cree que es posible el encuentro entre quienes están separados y fragmentados. Ahora, no extrae esta convicción de un voluntarismo liberalizado, no es que viene a decirnos 'tenemos que', no, la extrae de una auto-exploración.
Este libro es profundamente biográfico - repito - porque es el retrato de una trayectoria, es la exposición de una trayectoria que se va cumpliendo a medida que el autor la narra, y no es la transmisión de una trayectoria ya cumplida y consumada. En este sentido la obra es riesgosa.
No puede ser leída sino por quienes estén dispuestos a correr el riesgo que corre su autor al escribirla, que es exponerse como alguien que se anega, es decir, que va en pos de sí mismo, concibiéndose como una tarea de constante amplificación de su oído.
Claro, no casualmente diría yo, estamos ante un judío. En la tradición Hebrea oír es lo decisivo, no es lo más frecuente pero es lo decisivo, y es lo decisivo porque Dios convoca al hombre para que Escuche.
Podemos caracterizar el Judaísmo como un esfuerzo doble, por ampliar el campo de percepción de lo que puede oírse y con una renuencia extraordinaria a oír. Esa ambivalencia flota las incertidumbres de un hombre que se siente convocado y no termina de aceptar la convocatoria.
El libro de Daniel Levy nos propone, creo yo, que aprendamos a advertir qué nos llama desde nosotros mismos. Y propone en tal sentido - termino con esta primera caracterización, con esta referencia - un concepto extraordinariamente auspicioso de globalización.
Acá hemos tenido cinco globalizaciones en la historia de la Especie.
La primera de esas globalizaciones fundamentales es la Romana. El Período Romano es el primer intento a homologar lo real a un modelo.
El segundo intento de globalización se lleva a cabo con el descubrimiento del Cristianismo. El Cristianismo Apostólico, es decir, universaliza una concepción de lo real sin fronteras.
El tercer intento de globalización lo consuma el descubrimiento de América, es decir, la idea de la integración de lo nuevo a lo viejo y de la correlatividad entre lo nuevo y lo viejo.
El cuarto intento de globalización es la Revolución Francesa de hechos del hombres sin fronteras geográficas.
El quinto intento de globalización es aquel al cual estamos asistiendo. La tentativa del valerse de la tecnología con el objeto de convertir al planeta en un escenario unívoco que permita abolir las nociones de espacio y tiempo mediante la unificación eficaz.
Este intento de globalización que está entre otras cosas esbozado en Ecos del Viento. Viene a proponernos que los hombres se reconozcan como semejantes por el grado de participación que tienen en esta capacidad de advertir lo que merece ser oído como armonía y que permite reconocerse a unos con otros en la medida de reflejar esta participación en una totalidad que nos transciende y nos constituye a la vez.
No se busca la homologación, sino que se exalta la diferencia como el recurso habilitante del reconocimiento. Si podemos parecernos es porque somos diferentes. Si no fuéramos diferentes no nos podríamos reconocer. La diferencia, la cultura Aborigeno-Australiana, el Brahmanismo, el Hinduismo, la cultura Judía, la cultura Occidental, todos los aspectos de esta vocación auditiva de las cuales Ecos del Viento es expresión nos habla entonces de una auspiciosa y nueva globalización.

Juan Carlos Montero: Maravilloso como siempre se aprende cuando habla el maestro. Así que estamos realmente agradecidos porque realmente el contenido está expresado y aclarado porque es la mente del propio autor.

Daniel Levy: Muy pocas palabras aparte de visualizar en lo que acabo de escuchar algo muy… Es como si estuviéramos en nuestro mundo, siempre hablamos de CONCERTAR y hay veces que la imagen que aparece es la de (todos ustedes habrán visto lo que sucede en una orquesta cuando antes de tocar, aparte de que todos ya llegan con su instrumento muy bien preparado y generalmente preparados y el instrumento perfectamente ya afinado) el primer violín toca un La.
Nadie dice 'preferiría un mi para afinar'. Todos afinan, aunque no toquen la misma partitura, sobre algo que es llamado un diapasón - un La. Todos se ponen de acuerdo porque si no sería un desastre si cada uno no solamente hiciera lo que quisiera, si no afinara de un modo distinto.
Hay veces que veo el mundo y lo que está sucediendo como si no nos pusiéramos de acuerdo, no sobre los instrumentos, concertamos sin diapasón. Y me apareció muy claramente cuando Santiago habla de globalización, esa globalización que realmente es aquella que el ser humano merece, tiene que conquistar pero es la que merece, es la que ya tiene. Por lo cual ir detrás es hacer ese viaje, que en algún modo alegóricamente, cuando se habla de 'viaje al centro del sonido', es un viaje introspectivo. Siempre me ha quedado muy claro algo que decían que cuando se enseñaba la geometría en Grecia, que tanto como uno va hacia adentro en el radio, tanto se va también para afuera en la otra parte del diámetro. Y que es muy iluminante, pero al mismo tiempo es interesante este tema del diapasón, de ver si pudiéramos encontrar un La.


Juan Carlos Montero: La palabra COHESION está muy bien expresada: "El Sonido, el factor de Cohesión que incluye y sintetiza en sí otro también intangible…" lo intangible, ¿no es cierto? "… que llamamos, sin conocerlo: Amor". Y yo creo que es una ventana: Amor entre nosotros mismos, para que haya cohesión, si no estamos en una decadencia permanente.


Santiago Kovadloff: Ahora, claro, el libro lo verán ustedes cuando lo lean, no es un libro sobre la armonía, está escrito desde la relación con ella. Una relación conflictiva, como no puede dejar de serlo, es decir, nutrida de tensión, que busca permanentemente ensanchar el diámetro - en los términos de Daniel Levy - del campo de relación con la armonía. Conflictivo en ese sentido, es una búsqueda, como yo también decía antes.
Y acá es donde me parece que es interesante advertir la antigüedad de este libro, porque este es un libro antiguo. Es un libro antiguo. Quiero decir, la sabiduría que reivindica como indispensable tiene, hasta donde me atreví a calcularlo, 4000 o 5000 años.
Entonces en la medida en que es una obra Antigua, que tiene vigencia, nos encontramos con la evidencia de que al entenderla nos hemos convertidos nosotros en hombres antiguos. Ocurre como cuando vemos a los clásicos. O bien Sófocles es un autor contemporáneo (o que nosotros somos sumamente antiguos), o bien Sófocles es un autor antiguo porque nuestra modalidad no tiene nada que ver con él.
Ahora, ocurre que tenemos algo que ver con Sófocles. Y cuando descubrimos actualidades, descubrimos nuestra antigüedad simultáneamente. El carácter antiguo de este libro es lo que al mismo tiempo le confiere su connotación de venerable. Revive una sabiduría precedente y su optimismo paradójicamente no proviene del hecho de prometer un horizonte venidero que aún no devino, ni aún no ocurrió, sino de remitir una presencia constante de la vida humana que es la de esta sabiduría que a lo largo de 4000 o 5000 o 3500 años viene insistiendo en ser omitida. Ahora es importante entender también que no son frecuentes los electores de la música, no son frecuentes los músicos que han escrito, digo, literatura. No son frecuentes.
Yo me preguntaba y querría preguntarle a Daniel Levy, ¿qué es este desvelo por sostener el parentesco entre la palabra y la música?


Daniel Levy: Una pregunta interesante. Voy a tratar de ser lo más sintético que es posible, porque podría llevar a lo mejor más tiempo del que podemos disponer.
Pero, sí hay algo que me desvela desde ese punto de vista, porque contrariamente a lo que nos sucede, soy todavía un así llamado 'creyente' en la Palabra. No es lo que abunda, el pensar que la palabra no solamente tiene un contenido, sino que cómo el sonido en la música, no es aire que vibra. No siendo eso, pensaba mientras escuchaba a ambos hablar, una experiencia famosa que tuvo cierta resonancia pero después quedó ahí, de Alfred Tomatis en Francia, un gran estudioso de la voz y del escuchar. Él en un determinado momento se interna en investigaciones sobre la Cábala. Digamos que se trata de un sistema dentro del Hebraísmo, realmente de la parte esencial del contenido de las letras y su significado.
Pero llega a un punto muy interesante que es con un señor Egipcio. Hacen una prueba con la exacta pronunciación de las letras y en una especie de Tonoscopio el aleph, por ejemplo, y después otras letras, se presentan en la forma como son pronunciadas. Y esto, este médico controvertido, que atendió a cantantes de todo el mundo, no solo se queda maravillado sino que va a delante con la investigación y la deja a un cierto punto por temor, ya que ve que cada palabra corresponde a formas y contenidos.
Quiere decir que cuando nosotros nos estamos hablando no estamos profiriendo simplemente aire con algún contenido momentáneo. El desvelo, en realidad, es sentir que es posible, o sería/podría ser posible, que todo aquello que escuchemos pudiera tener tonos más vivificantes, que se pueda construir a través de la palabra como de algún modo siento en lo que decimos. Aquí está sucediendo de escuchar la voz de Santiago, por ejemplo, como pude escucharlo hace unos días recitando algunas poesías de Pessoa, él evoca lo que está diciendo.
Este es un poder de la palabra, un poder positivo de la palabra. Así como uno puede también, lógicamente, insultar, despreciar y no por nada en todas las antiguas civilizaciones, desde las más conocidas hasta aborígenes de cualquier parte, muy en especial algunas, los Dogon en África, por ejemplo, o sea el poder que atribuyen a la palabra y a las formas que se ven de la palabra, son a decir poco impresionantes y son tema hoy de muchos estudiosos de semántica, del significado, pero sobre todo del influjo de la palabra.
Nosotros estamos sumergidos constantemente en palabras, palabras, palabras. Si esa palabra se pudiera afinar hacia algo llamémoslo superior, no de pronunciación (todos pronunciamos más o menos bien) sino de significado y de coherencia entre aquello que se es y se dice. Ahí es creado un círculo donde nadie puede discutir.


Santiago Kovadloff: Me recordaba en la recensión de Daniel Levy un episodio que conocí directamente a través de un colega de la Academia Argentina de Letras, un diálogo entre Carlos Mastronardi y Jorge Luís Borges. Me contaba justamente Antonio Regil, el poeta, Mastronardi le contó una vez que Borges se había pasado los originales de un libro que él estaba escribiendo para que Mastronardi lo leyera. Y Mastronardi se lo devolvió con algunas observaciones. Una madrugada, a eso de las tres, sonó el teléfono de Mastronardi. Era Borges. que con esa voz temblorosa, de ciego que el tenía, le dice: "Quiero decirle que tiene razón. La coma de la página diecisiete no va".
Podríamos presumir que estamos ante un simpático delirante y un profesor insomnio. Ahora, también podemos pensar en la línea de lo que aporta Daniel Levy, que se está jugando algo decisivo en esa coma. Su inclusión altera la verosimilitud tonal del enunciar 'no es un La', 'no es un La'. Y creo yo que justamente lo que se está revindicando en este libro de manera ejemplar es que la palabra mal entonada atenta contra la armonía del significado, que es una lectura musical en el sentido Órfico más profundo. ¿No te parece Juan Carlos?


Juan Carlos Montero: Así es. Ahora, estaba meditando al mismo tiempo que escuchaba estas reflexiones tan magnificas sobre el centro del sonido. Y el sonido se transforma aquí en un objeto. ¿Qué es objeto? ¿El sonido? ¿O como hay un científico que está convencido que del material, de las paredes del Colón, se van a poder extraer los sonidos de todos los cantantes que pasaron por allí?


Daniel Levy: Cosa muy interesante, porque tuve oportunidad, pero quedó eso en un mundo que después fue alterado, en Venecia conocí a un Padre que se llamaba Padre Pellegrino Ernetti.


Juan Carlos Montero: Creo de haber escuchado eso…


Daniel Levy: Él también decía que especialmente, cuando se trataba de música devocional esta quedaba y constituía, según él, parte de lo que es la atmósfera del lugar.


Santiago Kovadloff: Es notable, porque en fondo si por un momento, digamos, suspendemos el juicio en torno a la aprehensión objetiva de esta materia que estaría en la atmósfera, digamos así, podía ser captable científicamente. En el fondo la aprehensión de una tradición, de cualquier tradición, por parte de alguien que se acerque a ese patrimonio espiritual, no es sino esta capacidad de haber oído. Quiero decir, no aprehende una tradición quien la conoce, aprende quien la habita. El que no la habita no la aprehende. El que no la habita puede ser un erudito en el sentido externo, epitelial de la palabra. Está informado. Pero el habitante de una tradición ha sido traspasado por la vitalidad de esa cultura. Vitalidad que sin duda alguna él ha asimilado a través de la interpretación, de la intuición, que juega un papel decisivo en el libro de Daniel Levy y de esa capacidad de receptividad fundamental que es lo que distingue a todo buen aprendiz.
Primeramente uno es un oyente. Si uno no es un oyente, uno no tiene capacidad interpretativa. Yo siempre he concebido la literatura - y en ese sentido mi pregunta tenía por eso bastante curiosidad por saber cual era su opinión - yo considero la literatura, un libro para mi es un pentagrama, tiene que ser ejecutado.
Cuando Mozart dice, por ejemplo, que la música está entre las notas, está diciendo - esto me parece a mi - que el espíritu fundamental que le confiere vitalidad a un mensaje en quien lo recibe es el resultado de la entrega extraordinaria de ese alguien a esa tradición. Aquí la pregunta entonces que yo quería hacerte, tiene que ver con las horas de composición de este libro. Porque este libro parece escrito a lo largo de una experiencia viva y no como una evocación de algo sabido. No transmite un conocimiento abstracto, sino la intensidad de un saber habitado. ¿Cómo lo escribió?


Daniel Levy: Me gusta escribir - como he también leído en los "Ensayos sobre Intimidad" que le gusta escribir a Santiago - con papel, lápiz, no la computadora. No es que me resisto pero creo que se transmite en otro modo. En tanto lo he escrito así.
Pero en verdad, sobre la pregunta, hay algo que siempre me preocupó y es que tenemos una infinidad de libros, tratados que explican una cantidad de cosas y que nos sirven para convertirnos en un poco más conocedores y eruditos. Pero no hay tantos, o por lo meno creo yo, que no hay tantos que nos estén reflejando una experiencia posible. Que no quiere decir que debe ser idéntica. Es como cuando uno va a tomar un tren para ese viaje no va a los mismos lugares, pero va en el tren, se sube en el tren.
En el tiempo realmente, si se trata de cosas que vienen seguramente desde mi niñez. O sea, no es que he tomado apuntes, pero son notas que han quedado por mucho tiempo fijas y que en ningún momento habían sido volcadas más que así en modo aparentemente desordenado.
Pero hay una última cosa sobre eso que quiero decir. Así como las notas tampoco aparecen en la escala musical sucesivas. Uno dice: 1,2,3,4,5,6 y está contento. Dice: Do, Re, Mi, Fa, Sol, La, Si y queda contento. Pero no aparecieron así. Aparecen de un proceso más complicado por armónicos, o sea no aparecen sucesivos. Para nosotros es más cómodo el tiempo sucesivo. Ahora esto, después aquello, después el otro - el orden, y eso es una parte del orden. Pero inicialmente el sonido y los nombres de las notas aparecen, siguiendo otro orden.
Creo que para el escribir, en mi caso y en lo que siento también de muchos donde veo que lo que escriben también proceden así, está esa cosa armónica - el orden armónico. Que no es el orden sucesivo. Uno puede programar, o sea así ha nacido en la idea de seguir, pero no porque voy a seguir un orden armónico - porque ahí ya sería también programarlo. Una búsqueda…


Santiago Kovadloff: Hay un término que a mi me encanta que tal vez sea útil para caracterizar, de donde yo pueda hacerlo, lo que Daniel Levy describe, que es errancia. La errancia es también un camino pero no sobre la base del diseño previo de un sendero, sino un intuyendo que va constituyendo ese camino a medida que uno marcha. De hecho la creación literaria - nada surge tal como lo conocemos impreso. Fundamentalmente es un tanteo que va alcanzando configuración ulterior.
Bioy Casares decía siempre que todo escritor proviene con su plato de la cocina, pero quien recibe el plato debe creer que no viene de allí.


Juan Carlos Montero: Bueno, una última pregunta para el maestro. Es compositor - en el libro y en los ejemplos musicales hay música escrita por él. Me sonó de pronto, el primer tema, algo de Minimalismo. - esa técnica de las menores distancias entre los sonidos.


Daniel Levy: Parte, si. Pero también ahí en esas pequeñas cosas realmente que están contenidas ahí está más esa búsqueda de hacer escuchar armónicos. O sea, la búsqueda de los sonidos que no se escuchan pero que están. Entonces de ahí, podemos decir al revés, vienen las notas. No sé si es claro.


Juan Carlos Montero: Esto me lleva a una pregunta prosaica. ¿Qué hacemos con el Atonalismo? Porque hemos hablado de la armonía, pero que hacemos con la escuela de Viena y todo lo que sucedió paralelo a la armonía, que es lo rico que tiene nuestro siglo pasado, las dos vertientes. ¿Qué pasa cuando no hay armonía?


Daniel Levy: Buena pregunta. A Schönberg le preocupó mucho esto. Pero él no dijo en ningún momento que ese era ni el futuro, ni la clave.


Juan Carlos Montero: No, pero él dijo algo importantísimo, Schönberg, con su genio y su talento natural, siempre buscando con esta técnica Belleza y no le hicieron caso.


Daniel Levy: Exacto. Del mismo modo que hizo también Alban Berg posteriormente, siguiendo de algún modo esta misma línea. Después hubo más un buscar y un quedarse, a mi entender, en la forma.


Juan Carlos Montero: La experimentación…


Santiago Kovadloff: No, lo que creo que hay una correlatividad innegable entre esta asociación entre forma y contenido que se produce a partir de ciertos momentos del Atonalismo que es reveladora en el campo de nuestra cultura donde la disociación entre fondo y forma que es también muy profunda. Nosotros que pertenecemos a una cultura que está muy concentrada en la idolatría de la imagen y hemos perdido toda sensibilidad hacia el relieve del contenido. ¿No es cierto? La idolatría de la imagen tiene que ver fundamentalmente con esta presunción de que la imagen dice todo, cuando en verdad la imagen dice todo si el contenido que le da vida es significativo, donde se produce la sustitución del contenido por la forma se cae precisamente en un enmascaramiento. Y la nuestra es una cultura que al tener la publicidad y en lo visual el rasgo distintivo de su comprensión de la verdad, ha disociado el tema de la conceptualización de la enunciación. Así como tenemos una enunciación en los medios de comunicación que está alejada del concepto que liga con la vociferación.


Daniel Levy: Claro, si.


Santiago Kovadloff: Y ahí estamos en lo formal, en el sentido de lo puramente formal con la imagen, es decir la pornografía fundamental de nuestros tiempos no pasa por los desnudos que se ven en la televisión, sino por la renuncia al pensamiento. Esto es pornografía. Esto significa un uso perverso de la palabra.


Daniel Levy: Y peligroso.


Santiago Kovadloff: Y muy peligroso. Claro, porque todo el totalitarismo viene de ahí.
Y aquí volvemos a otro aspecto del libro que yo quería señalar sobre el cierre de este encuentro. Me parece importante. Que es que es un libro sanador. Vamos a ver si puedo explicar porque. Porque al negarse a disociar el sonido de la significación, al negarse igualmente a homologar el sonido a la significación, pero al entablar firmemente una acción a todos enunciados que es la correlación entre Eufonía y significado, nos está proponiendo una reconciliación. Nos está proponiendo una reconciliación.
Hay un viejo poema de Hölderlin que dice: "Un signo indescifrado somos y así permanecemos". ¿Qué quiere decir Hölderlin con eso? El hombre está ahí para ser leído. Para se leído significa para que la mirada del otro lo acoja como significativo. La buena nueva de este libro es que nos dice que si uno se pronuncia puede ser oído y si uno puede ser oído, puede ser reconocido, como un prójimo, es decir, como alguien indispensable para nuestra constitución como sujetos. Hondamente Buberiano como es este libro en el sentido de que Martin Buber ha sostenido que un hombre es con otro primero, y solo por eso luego es él. Hondamente Buberiano como es este libro, responde a unas de las tradiciones más bellas del Judaísmo que es el Jasidismo. El Jasidismo es esa concepción de la experiencia que está enteramente abierta a la idea de que lo divino no tiene ámbitos privilegiados, está en todas partes. Educarse es aprender a reconocer esa presencia allí donde nos encontremos, porque no está ausente donde está el hombre. Y este libro viene a decir esto. Donde haya un hombre hay otro hombre. Donde hay dos hombres lo sagrado está vivo.


Juan Carlos Montero: Después de estas palabras me parece que está todo dicho.


(Aplausos)


Juan Carlos Montero: ¿Podemos escuchar algo? Escuchamos la banda una (del CD) que es obra tuya. Me parece maravilloso.


Santiago Kovadloff: Yo les pido un aplauso para Daniel Levy.
 
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